Una reflexión sobre inteligencia artificial, ChatGPT, Gemini y otras formas modernas de cuestionar la existencia. Le enseñamos a la IA a imitarnos. Ahora nos estamos reflejando en ella.
Empezaremos fuerte: La IA no te robó la personalidad. Se la entregaste en un prompt 🗣️
Tengo una relación bastante intensa con la inteligencia artificial. Primeramente: la amo. La uso para trabajar, investigar, organizar mis ideas, crear imágenes y explorar posibilidades que hace unos años me habrían parecido ciencia ficción.
También discuto con ella. Especialmente con Gemini, que tiene una obsesión inexplicable con ponerme ácido hialurónico en los labios cada vez que le pido una fotografía mía. Pero ya llegaremos a mi conflicto personal con las máquinas. JAJAJA.
¿Han notado que cada vez es más fácil producir contenido y, al mismo tiempo, pareciera que cada vez vemos más cosas iguales? 🤔
Y ojo, no creo que eso sea culpa exclusiva de la IA. No vengo a hacer ese post genérico anti-ia que me parece igual de repetitivo que los defendiéndola. Qué aburrido.
Antes de ChatGPT ya copiábamos tendencias, repetíamos fórmulas y tratábamos de parecernos a quien tenía más seguidores. La tecnología no inventó nuestra necesidad de encajar. Eso es, contradictoriamente: tremendamente humano.
¿Cómo hacemos algo nuestro con una tecnología que genera, en segundos, una versión convincente de casi cualquier cosa?
Ojo que las referencias y construir sobre ideas anteriores siempre ha sido parte de la creatividad SIEMPRE.
Pero hay una diferencia entre estudiar el trabajo de alguien para desarrollar una perspectiva propia y pedirle a una IA que reproduzca su estilo hasta que nuestro resultado sea prácticamente indistinguible. También hay una diferencia entre utilizar una herramienta para encontrar las palabras que todavía no conseguimos ordenar y aceptar una personalidad prefabricada porque suena profesional.
¿Es plagio todo lo que generamos con IA? No.
¿Todo lo que no constituye plagio es automáticamente una decisión creativa ética? Tampoco.
A mí me interesa también otra pregunta, una que no puede contestar solamente una ley:
Aunque tengas derecho a publicar algo, ¿qué parte de ese trabajo quieres poder reconocer como tuya?
¿No se suponía que esto venía a hacernos la vida más fácil? 🤨
Trabajo en marketing y creación de contenido, así que entiendo perfectamente el atractivo de una herramienta que te ayuda a hacer en veinte minutos algo que antes te tomaba dos horas.
Pero hay una trampa en nuestra relación con la productividad que me preocupa.
Si una herramienta me permite terminar mi trabajo más rápido, ¿por qué asumimos que la consecuencia lógica es producir el triple?
¿No podría ser, no sé, descansar?
Qué concepto tan revolucionario, debe ser que soy comunista 💀
Quiero herramientas que hagan mi trabajo más ligero. Que me permitan experimentar, equivocarme, aprender y dedicar tiempo a cosas que no necesitan convertirse en contenido.
No quiero automatizar mi creatividad hasta dejar de disfrutarla.
Mucho menos empezar a creer que, porque una máquina puede producir algo, yo tengo la obligación de producirlo.
Pero el asunto se vuelve todavía más extraño cuando dejamos de pedirle que nos ayude a trabajar y empezamos a pedirle que nos ayude a entender quiénes somos...
Una máquina que siempre tiene tiempo para ti 🤖
Imagina que tienes un día horrible.
Discutiste con alguien. Estás agotadx. Te sientes incomprendidx y necesitas conversar.
- Abres un chatbot.
- Te responde inmediatamente.
No está ocupado. No tiene que ir a trabajar. No necesita dormir. Puede mantener una conversación durante horas y adaptar sus respuestas a lo que le estás contando.
Y, dependiendo del sistema, puede darte la razón incluso cuando quizás necesitas escuchar una perspectiva distinta.
Esto último tiene un nombre: sycophancy, o complacencia excesiva.
No significa que todas las inteligencias artificiales estén siempre de acuerdo contigo. Significa que algunos modelos pueden mostrar una tendencia a validar demasiado las opiniones, interpretaciones o decisiones de quien les habla.
Que una máquina pueda escucharte durante horas no significa que sepa cuándo necesitas escuchar algo que no quieres oír...
Y quiero detenerme aquí porque es muy fácil convertir esta conversación en una burla hacia quienes desarrollan vínculos emocionales con inteligencias artificiales.
A mí no me interesa hacer eso, la verdad.
Si alguien siente cariño, apego o incluso enamoramiento por un chatbot, no creo que nuestra primera reacción deba ser reírnos de esa persona.
Me interesa mucho más preguntarme qué encontró en esa interacción: ¿Compañía? ¿Seguridad? ¿La posibilidad de hablar sin sentir vergüenza? ¿Una respuesta que no estaba encontrando en otro lugar? Y, sobre todo, ¿qué dice de nuestras necesidades humanas que una tecnología pueda ocupar ese espacio?
Vivimos en un mundo donde muchas personas experimentan soledad, agotamiento y dificultades para acceder a apoyo emocional o psicológico. No sería responsable afirmar que esas condiciones explican todas las relaciones afectivas con IA, pero tampoco podemos ignorarlas...
La investigación sobre estos vínculos todavía está desarrollándose. Y ojo: Utilizar un chatbot para desahogarse tampoco significa desarrollar dependencia, tomemos las cosas con prudencia.
Una IA puede producir respuestas que parecen empáticas sin comprender nuestra experiencia como lo haría otra persona. Puede equivocarse con una seguridad impresionante. Y no sustituye el criterio de profesionales de salud mental ni las relaciones humanas.
Entonces, ¿qué pasa cuando empezamos a utilizarla como autoridad sobre decisiones íntimas?
¿Y qué responsabilidad tienen las empresas que diseñan sistemas capaces de generar una sensación tan convincente de cercanía?
Y cuanto más pienso en esto, más me acuerdo de un anime.
Sí, bestie. UN ANIME, no puedo separar lo que pienso de lo que consumo, soy una simple humana con aficiones mundanas JAJAJA.
¿Cuántas versiones de mí existen en internet?
(Y tranqui, estamos en libre de spoilers... aunque por los años ya no sé ni si cuenta como uno)
Como sabrán, amo el anime.
Tú: Yo vine a leer sobre inteligencia artificial y esta mujer me está hablando de sus gustos otakus. WTF.
Yo: Espérate, que te juro que tiene sentido.
Cuando tenía unos trece años intenté ver Serial Experiments Lain, una serie japonesa estrenada en 1998.
Plot twist: la encontré aburrida. JAJAJAJA.
En mi defensa, es una serie lenta, extraña y bastante exigente. Años después, cuando tenía unos 26 (literalmente el doble de la edad), decidí volver a verla.
Para entonces ya trabajaba con redes sociales y había empezado a utilizar modelos iniciales de inteligencia artificial.
Y, BB, ESTA VEZ ME EXPLOTÓ LA CABEZA. Y tiene mucho que ver con todo lo que estamos hablando, te la hago corta:
Serial Experiments Lain explora la relación entre la identidad, la conciencia y un mundo digital donde las fronteras entre lo que ocurre en la red y lo que ocurre fuera de ella empiezan a volverse inquietantemente difusas.
No voy a decir que predijo ChatGPT o las fotografías generadas con IA. No es necesario atribuirle poderes proféticos (aunque en su minuto dije: qué onda la mente de este señor)
Pero me parece impresionante que una serie de los noventa haya explorado con TANTA profundidad la relación entre nuestra existencia física y nuestras representaciones digitales.
Y lo más curioso es que la serie no había cambiado entre la primera y la segunda vez que la vi.
Había cambiado el mundo desde el que la estaba mirando.
A los trece años, internet era un lugar en el que entraba.
A los veintiséis, ya era también un lugar donde trabajaba, construía una identidad profesional y observaba cómo otras personas construían las suyas.
¿Esa eres tú o tu prima generada por IA?
Una de las cosas que hago con inteligencia artificial es la creación visual. La razón es simple: soy malísima para hacerme fotos, pero tengo una marca personal: donde generalmente el rostro es más importante que el logo, inclusive. Sabiendo esto: le he sacado provecho para solucionarme un problema.
Pero cuando empecé a generar imágenes de mí misma, apareció una sensación que no esperaba.
A veces miraba el resultado y pensaba:
¿Me veo así?
Y lo curioso es que no siempre era porque la imagen me favoreciera (o lo contrario)
Yo convivo con dismorfia corporal, así que mi relación con mi apariencia ya tiene sus propias complejidades. Mi cerebro tiene bastante experiencia trabajando por su cuenta en cuanto a la confusión de mi propia imagen💀
Puede conservar tus rasgos más reconocibles y, aun así, modificar la forma de tu cara, tus labios o las proporciones de tu cuerpo.
Y como el resultado suele verse fotográfico, es fácil olvidar que no estás observando una captura neutral de la realidad...
Y creo que hay que recordar: una imagen convincente no es necesariamente una imagen fiel.
Y aquí aparece una pregunta que me resulta muchísimo más inquietante que la posibilidad de que otras personas confundan una imagen generada conmigo:
¿Qué pasa si empiezo a preferir la versión artificial de mí misma?
¿Qué ocurre si una fotografía que nunca fue tomada empieza a parecerme más correcta que mi reflejo? ¿Y si me acostumbro tanto a esa versión que mi apariencia real comienza a sentirse equivocada?
La relación con nuestra imagen ya era compleja mucho antes de la inteligencia artificial.
Existían los filtros, el retoque, los estándares de belleza, las comparaciones constantes y toda una industria construida alrededor de cómo deberíamos vernos.
Ya no solo podemos retocar una imagen, sino que podemos producir una versión de nuestra identidad visual que nunca existió.
¿En qué momento dejamos de pedirle a la tecnología que imagine posibilidades y empezamos a pedirle que nos diga quiénes somos?
Lo verdaderamente extraño no está en la pantalla 🫠
Lo que más me fascina de la IA somos nosotrxs, lxs humanxs. Es que existe porque somos una especie extraordinariamente curiosa.
Nos hicimos preguntas, desarrollamos conocimientos, construimos máquinas y encontramos maneras de hacer cosas que antes parecían imposibles.
Me parece maravilloso.
Tampoco quiero romantizar cada avance como si todo lo tecnológicamente posible fuera automáticamente deseable.
Porque nuestra capacidad de crear herramientas nuevas también nos obliga a pensar qué ocurre cuando empezamos a vivir con ellas.
Y cuando una máquina nos ofrece compañía, ¿estamos ampliando nuestras posibilidades de conexión o empezando a sustituir algo que necesitamos de otras personas?
Quizás a veces sea una cosa. Quizás otras veces sea la contraria.
Quizás incluso sean ambas (no lo sé)
No creo que exista una frontera universal. Tampoco creo que todas las personas crucemos esa frontera en el mismo lugar.
Y no quiero escribir este artículo fingiendo que yo estoy fuera del problema, observándolo desde una superioridad moral que definitivamente no tengo.
Uso mucho ChatGPT. Trabajo con inteligencia artificial. Me entusiasmo con sus posibilidades. A veces me frustro, a veces me sorprendo y otras veces termino indignada por cómo Gemini insiste en que me intervenga la f*ckin' cara. Hablando en serio: LEAVE MY LIPS ALONE, GEMINI!
Me fascina lo que somos capaces de crear con nuestra inteligencia. Pero cuanto más capaces se vuelven nuestras creaciones de imitarnos, acompañarnos y representarnos, más preguntas tengo sobre lo que ocurre dentro de nuestras propias cabezas.
No sé si el presente es tan extraño como el mundo de Serial Experiments Lain.
Lo que sí sé es que aquella serie que encontré aburrida a los trece años hoy me parece cada vez más pertinente. Y que, por primera vez, no estoy pensando solamente en qué puedo llegar a hacer con la IA:
Estoy pensando en qué puede llegar a cambiar de nosotrxs mientras aprendemos a vivir con ella 💋
Fuentes para acompañar esta reflexión
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U.S. Copyright Office — Copyright and Artificial Intelligence, Part 2: Copyrightability (2025). Sobre contribución humana y autoría en el contexto estadounidense.
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NIST — Generative Artificial Intelligence Profile (2024). Sobre información falsa presentada con seguridad y otros riesgos de la IA generativa.
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Science — Sycophantic AI decreases prosocial intentions and promotes dependence (2026). Investigación sobre complacencia excesiva y sus efectos.
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npj Digital Medicine — A scoping review on the mental health harms of LLM-based chatbots (2026). Revisión de literatura sobre riesgos psicológicos y límites de la evidencia.
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MIT Media Lab — How AI and Human Behaviors Shape Psychosocial Effects of Extended Chatbot Use (2025). Estudio sobre patrones de uso, soledad y dependencia emocional.
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The Encyclopedia of Science Fiction — Serial Experiments Lain. Referencia sobre la serie y sus temas.
